Cuando me desperté, me miré en el espejo y vi que ya no era yo. Mi cuerpo había cambiado, mis piernas morenas que tanto me gustaban habían desaparecido, ahora tenía ocho patas negras y peludas. Era una araña del tamaño de una persona. Pensaba que era un sueño, pero luego me di cuenta que lo que estaba pasando era de verdad.
Intenté abrir la puerta de mi habitación pero no podía porque no tenía dedos. Como vivía sola y no tenía ningún familiar ni amigos cerca no podía pedir ayuda. Pasó una hora y de repente empecé a escuchar pasos que se acercaban cada vez más a mi habitación.
Arancha Cuenca

Comentarios
Publicar un comentario